Por Arturo Soto Munguia
No los quiero mortificar pero faltan 14 días para que el gobierno mexicano acredite la efectividad de su combate a la migración y el tráfico de drogas –señaladamente el fentanilo-, plazo impuesto por Donald Trump el pasado 3 de febrero, como condición para pausar 30 días la aplicación de aranceles a las exportaciones mexicanas a EEUU.
Bien a bien, no se sabe cuáles son los indicadores que el crecido gobernante norteamericano habrá de considerar para determinar si concede una prórroga a sus amenazas, pero es claro que estas han metido gran presión en su contraparte mexicana que parece empeñada en convencer al presidente norteamericano de que el fenómeno de la migración y el narcotráfico tiene responsabilidades compartidas, lo que a Trump, en su infinita arrogancia parece tenerle sin cuidado.
Es cierto que en los últimos meses las fuerzas armadas mexicanas han asestado fuertes golpes al crimen organizado y que los diez mil elementos de la Guardia Nacional apostados en la frontera norte han logrado significativos descensos en los cruces de migrantes ilegales, pero también es claro que ante un tipo tan veleidoso como Trump, eso no ofrece ninguna certeza en ningún sentido.
Vaya, ni siquiera respetó la pausa impuesta unilateralmente por él mismo, y sin titubeos impuso aranceles a las exportaciones mexicanas de acero y aluminio, por más que el gobierno mexicano insista en que eso es perjudicial para la propia economía estadunidense.
Sé que usted, geopolítica lectora, internacionalista lector le entienden mejor que yo a este tema, pero desde esta humilde tribuna creo que Trump es un tipo que no negocia si no tiene en la mano una pistola puesta en la cabeza del interlocutor, así que venderá carísima esa ficha de los aranceles.
Y si a eso le agregan que la presidenta Claudia Sheinbaum a veces parece mandarle señales equivocadas, como esa de enviar al cuestionadísimo ex gobernador de Chiapas, Rutilio Escandón como cónsul a Miami, o aparecer al lado del ex secretario de la Defensa detenido en EEUU por cargos de narcotráfico, Salvador Cienfuegos, pues las cosas no pintan bien.
Me queda claro que en México se están haciendo esfuerzos encomiables para no enfurecer más a la fiera, aprehendiendo objetivos criminales, incrementando decomisos y aseguramientos de armas y drogas, como los que se han dado en Sonora.
Pero dudo que sea suficiente, sobre todo si detrás del supuesto interés gringo en combatir a los cárteles se esconde la histórica y perversa intención expansionista, colonizadora, gandalla y avasallante de la potencia vecina.
Ayer se capturaron dos objetivos prioritarios en Caborca, pero también allá un grupo armado balaceó el hotel donde se hospedan agentes de la Policía Estatal; en Hermosillo asesinaron a sangre fría a un conocido empresario restaurantero y San Luis Río Colorado y Cajeme siguen registrando episodios violentos de alto impacto.
De todo esto seguramente toman nota los hijos del Tío Sam, sobre todo ahora que han desplegado una intensa actividad de espionaje y recopilación de información desde aire, mar y tierra, complementado con las notas que están cantando en cárceles estadunidenses personajes como el Chapo Guzmás y sus dos hijos, el Mayo Zambada, entre otros.